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Las imágenes de televisión muestran a un niño
iraquí llorando con aspecto de gran desolación y temor
por la guerra que ha venido devorando cada vez más vidas
humanas. En la mente de todos los pueblos del mundo, quedarán
imborrables estas imágenes de la guerra de Irak que ha sido
descrita por el ex presidente estadounidense Jimmy Carter como "una
acción casi sin precedentes en la historia de los países
civilizados".
Frente a la presión de la opinión pública
internacional y desafiando las olas de protestas en las diversas
latitudes del mundo, la coalición de las fuerzas estadounidenses
y británicas reitera que distinguirá entre fuerzas
militares y población civil, reduciendo al mínimo
las bajas de los civiles. Harán esfuerzos por alcanzar este
objetivo con las armas más sofisticadas y de gran precisión,
declaran.
Sin embargo, las estruendosas explosiones y denso humo negro en
Bagdad demuestran que las bombas más sofisticadas de EE.UU.
hacen impacto también en las zonas de población civil
donde no se encuentran nada de objetivos militares, y los hospitales
de Bagdad se ven abrumados por heridos de estado llano. Al parecer,
lo de "una guerra que no hace daño a los inocentes"
no es más que una palabrería.
A medida que se acerca a Bagdad la coalición estadounidense-británica,
la resistencia de las tropas iraquíes se torna cada vez más
tozuda. Si las tropas norteamericanas logran entrar en la ciudad,
los 5 millones de habitantes y las fuerzas iraquíes se verán
obligados a emprender una guerra callejera. Será cuando las
fuerzas de coalición tengan que afrontar una prueba sumamente
dura. En una lucha cuerpo a cuerpo, las armas de alta tecnología
de EE.UU. perderá en gran media su eficacia y superioridad.
Por ejemplo, a pesar de sus medios de alta tecnología, los
soldados de coalición no podrán distinguir si se trata
de un militar enemigo o un civil que se halla detrás de un
muro.
Para reducir sus propias bajas, la coalición sólo
puede adoptar la táctica de bombardeo aéreo contra
los objetivos seleccionados. Con esta táctica, para eliminar
a un solo soldado iraquí, probablemente tendrá que
causar bajas a varios civiles. En Bagdad se hallan concentradas
al menos centenares de millares de las tropas élites de Irak,
para eliminarlas, ¿cuándo civiles inocentes tendrán
que sufrir bajas? En resumen, existe una contradicción irreconciliable
entre reducir las bajas propias y evitar daños a los civiles
iraquíes.
Hay analistas que opinan que en las décadas de los 60 y
70 del siglo XX, EE.UU. se hallaba enfangado en la guerra de Vietnam
porque se trataba de una guerra de agresión, y lo que es
más, porque las tropas estadounidenses no podían distinguir
entre tropas vietnamitas y civiles, lo que les llevó a adoptar
una táctica de masacre cruenta sin discriminación
incurriendo en una gran ola de la "guerra del pueblo"
en Vietnam.
En el presente, si las tropas de EE.UU. pretenden conquistar la
victoria sin pararse ante el empleo de una táctica de masacre
indiscriminada, encontrarán inevitablemente una ola de resistencia
del pueblo iraquí.
Ante la posibilidad de verse enfangados en una prolongada guerra,
los dirigentes de EE.UU. y Gran Bretaña deben reflexionar
bien antes de obrar, escuchando la voz de todo el mundo que reclama
el cese de la guerra. ¿Cuántos familiares de los soldados
norteamericanos y británicos que participan en la guerra
podrán soportar la pérdida de sus seres queridos?
¿Cuándo tiempo podrá tolerar la opinión
pública internacional la catástrofe humana y biológica
de la guerra? Si los dirigentes de EE.UU. y Gran Bretaña
proceden a su arbitrio cerrando los ojos ante las bajas crecientes
de la población civil, insistiendo en llevar adelante la
guerra, ¿cómo responderán a la severa interpelación
de la historia y de la justicia? (Diario del Pueblo)
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