Mayor consenso sobre Taiwan
 

El tema de Taiwán afecta los intereses políticos, económicos y de seguridad de China y EE.UU.. Partiendo de ampliar intereses comunes, los dos gobiernos se están acercando a un consenso que les permita un mejor manejo de la cuestión

ZHU FENG

(El autor es profesor en la Facultad de Estudios Internacionales, de la Universidad de Pekín)

En el histórico encuentro entre el Primer Ministro chino Wen Jiabao y el Presidente estadounidense George W. Bush, el 9 de diciembre de 2003, este último se convirtió en el primer mandatario de EE.UU. en expresar la oposición de su gobierno a la independencia de Taiwan. Tal declaración implica un mayor consenso entre ambas partes sobre el tema de Taiwan desde la firma del comunicado conjunto para reducir gradualmente, y finalmente eliminar, las ventas de armas de EE.UU. a Taiwan, el 17 de agosto de 1982.

Palabras escogidas cuidadosamente

El resultado más importante de la reunión de Wen con Bush fue lograr que el segundo confirmara la oposición de EE.UU. a las acciones unilaterales de las autoridades de Taiwan hacia la independencia. Sin embargo, las observaciones de Bush fueron ingeniosas.

El Primero Ministro chino Wen Jiabao y el Presidente estadounidense, George W. Bush, hablan sobre el tema de Taiwan en una rueda de prensa conjunta el 9 de diciembre de 2003

Antes de la reunión, los medios informativos y el público se preguntaban si la política de EE.UU. hacia Taiwan pasaría de no alentar la “independencia de Taiwan” a oponerse a la misma. Bush, al hablar con los reporteros después de su reunión con el Primer Ministro chino, no habló explícitamente de que su administración se opone a la independencia de Taiwan, sino que simplemente enfatizó la oposición a cualquier acción unilateral para cambiar el status quo en la región.

Está claro para el mundo entero que la intención de Taiwan de propiciar cambios unilaterales en su status quo significa una tentativa de separar a Taiwan de China. Así, lo que Bush quiso decir quedó muy claro: EE.UU. se oponen a la independencia de Taiwan.

Por otra parte, la política de EE.UU. hacia China desde 1979 ha sido oponerse a cualquier acción unilateral para cambiar el status quo a través del Estrecho de Taiwan. Las observaciones de Bush sobre la oposición a cualquier cambio en el status quo de la región indican asimismo que, aunque EE.UU. se opone a la independencia de Taiwan, la administración de Bush no ha cambiado la tradicional política de Washington hacia China.

¿Por qué escogió Bush sus palabras tan cuidadosamente? Primero, la administración de Bush no tiene ninguna intención de cambiar su política de antaño respecto a las relaciones a través del estrecho. Es una política que cuenta con apoyo de los dos partidos políticos que se reparten el poder en EE.UU. Ante esta realidad, Bush se abstendrá de revisar dichos patrones, pues hacerlo implicaría serios problemas políticos para su gobierno.

En segundo lugar, al manejar sus palabras – las cuales no incluyen de manera explícita la oposición estadounidense a la independencia de Taiwan-, Bush se propuso dejar un amplio margen a su administración para tomar la iniciativa de manejar las relaciones con China, y crear así un margen para maniobrar con sus propios intereses. Al hacerlo, la administración de Bush puede evitarse ataques de las fuerzas favorables a Taiwan dentro de EE.UU., a la vez que mantiene un tono de ambigüedad constante en su política de una sola China, la cual estipula que el estatus de Taiwan no se ha determinado aún.

Tercero, a la par que hacía una seria advertencia a las autoridades de Taiwan, Bush intentó evitar que la misma se interpretara como un gesto de condescendencia hacia el continente, pues tal gesto podría entenderse como aliciente para que el territorio continental chino emprenda acciones militares contra la isla. Bush demuestra que la Casa Blanca espera continuar desempeñando un papel de equilibrio en las relaciones entre la parte continental y Taiwan, mientras mantiene el máximo de flexibilidad en su política hacia China.

Sería errado pensar que las observaciones de Bush entrañan un cambio en la política de EE.UU. de una sola China. Su administración acaba de hacer un ajuste activo y constructivo a esta política, pero no la ha sometido a cambio fundamental alguno.

Tradicionalmente, EE.UU. ha considerado que el mayor peligro para las relaciones a través del estrecho proviene de la “amenaza militar” de la parte continental, o el afán de la parte continental por lograr una “pronta reunificación”. Por consiguiente, EE.UU. ha promovido la imagen de un Taiwan “débil”. Ahora, sin embargo, se acaba de dar de bruces con un Taiwan desafiante, a lo cual responde el ajuste significativo adoptado, pues EE.UU. considera que las actividades separatistas en la isla resultan “provocativas.” Con respecto a las emergentes fuerzas favorables a la independencia de Taiwan, la Casa Blanca ha expresado su respaldo a una política de intervención en el asunto, contrario al habitual discurso de permanecer indiferente. Este constituye un paso obvio adelante de la Casa Blanca, que realiza un tránsito de la posición de no apoyar la independencia de Taiwan a oponerse a cambios unilaterales en el status quo de los vínculos a través del estrecho. Se trata de un factor que hace disminuir en buena medida la tradicional dosis de ambigüedad política EE.UU. en cuanto a no apoyar la independencia de Taiwan.

Las observaciones de Bush también implican una oposición estadounidense a los comentarios y acciones de los líderes de Taiwan. Dicha oposición a estos políticos, que aspiran a transformar el status quo de modo unilateral, significa en buena medida que EE.UU. ha aceptado la posición de China según la cual la independencia gradual es también una forma de independencia para Taiwan. Esto indica que EE.UU. no sólo se opone a la independencia de Taiwán, sino que también desaprueba cualesquiera palabras y acciones tendientes a promover, abogar y provocar la “independencia de Taiwan”.

Más importante aún, la administración de Bush se ha desentendido de la teoría de la democracia de Taiwan, que había sido un pilar de la política de EE.UU. hacia Taiwan desde los años 90. La administración ha pasado por alto la “pauta del valor democrático” en la política exterior tradicional de EE.UU. con respecto a la isla. Por tanto, EE.UU., por primera vez, ha otorgado mayor preponderancia a la paz y estabilidad regionales, por encima de la compenetración democrática con Taiwan. Esta decisión hará que avancen substancialmente los procesos democráticos en China.

Gran trascendencia

En una rueda de prensa tras la reunión entre Wen y Bush, el portavoz de la Casa Blanca Scott McClellan enfatizó en repetidas ocasiones que la política que su país ha aplicado por mucho tiempo a las relaciones a través del estrecho se mantienen inalterables. Sin embargo, no se puede negar que EE.UU. está presto a añadir nuevos elementos a lo que ha sido su política tradicional.

La razón detrás del cambio de EE.UU. con respecto a la isla está relacionada con una actitud china más pragmática, racional, pero inquebrantable respecto al tema. Washington aspira a aplacar a la parte continental por medios diplomáticos y hacer que esta se abstenga de tomar acciones unilaterales debido a su decepción con la capacidad de intervención de EE.UU. en el tema. Por otra parte, la Casa Blanca no ignora que si no deja bien en claro su oposición a la “independencia de Taiwan”, los acontecimientos futuros a que puedan dar lugar las fuerzas separatistas de Taiwan podrían generar crisis y problemas para EE.UU.

Otra razón para el cambio es la ampliación de los intereses comunes de ambos países. Las relaciones económicas y comerciales se han desarrollado rápidamente desde que ambos países establecieran relaciones diplomáticas en 1979. Los volúmenes comerciales bilaterales se ha elevado de $2.600 millones en 1979 a $100.000 millones en 2003. Actualmente, alrededor de 40.000 compañías de EE.UU. tienen negocios en China, y la inversión directa extranjera de EE.UU. en China suma $43.000 millones. Han aumentado asimismo los intercambios bilaterales de personal.

Las relaciones chino-estadounidenses tienen repercusiones para los pueblos de ambos países, y también para la prosperidad, la estabilidad y la paz en Asia oriental y el mundo en conjunto. Después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, ha progresado de continuo la cooperación antiterrorista entre los dos países y como parte de proyectos multilaterales. El problema nuclear en la península coreana proporciona la oportunidad de afianzar nuevos lazos que consoliden la cooperación en el mantenimiento de la paz y seguridad regionales.

Tomando en cuenta el crecimiento de los intereses comunes, los dos gobiernos han comenzado a prestar mayor atención al manejo del tema de Taiwan. Hoy, China y EE.UU. todavía mantienen diferencias en algunos campos, tales como los derechos humanos y los valores. En 2003, se produjo un nuevo conflicto entre los dos países por la tasa de cambio del RMB, la moneda china, con respecto al dólar. Además, de vez en cuando se producen fricciones comerciales entre los dos países.

Pero el problema de los derechos humanos se puede tratar mediante un diálogo directo partiendo del respeto mutuo. En cuanto a las fricciones comerciales, ambas partes deben adoptar nuevas políticas y medidas comerciales, abrir más sus respectivos mercados y eliminar las políticas de control de exportaciones dirigidas contra la otra parte. Cabe señalar que la expansión de los conflictos económicos y comerciales refleja la mayor interdependencia entre las dos economías, indicio de que la cooperación económica bilateral ha alcanzado progresos substanciales.

Durante su visita, Wen Jiabao propuso cinco principios para manejar y consolidar las relaciones económicas y comerciales bilaterales. Actualmente, China y EE.UU. han adoptado una actitud pragmática para tratar sus conflictos comerciales. La labor dirigida a mantener el ímpetu del comercio bilateral y la cooperación económica se ha convertido en una meta común de los líderes en ambos países. En este sentido, el adecuado tratamiento del tema de Taiwan responde a los mejores intereses políticos, económicos y de seguridad de China y EE.UU.

EE.UU. también ajustó su política hacia Taiwan porque por ahora su foco estratégico está en el Medio Oriente. EE.UU. no está dispuesto a permitir que las autoridades de Taiwan causen problemas que podrían afectar su despliegue estratégico global. Por otra parte, los eventuales problemas que causarían los líderes de Taiwan obstaculizarían las posibilidades de reelección del Presidente Bush en 2004. Con el desarrollo sano y constante de las relaciones chino-estadounidenses se puede esperar que los dos países unan esfuerzos para oponerse a la “independencia de Taiwan”. Esta será una fuerza impulsora para la cooperación constructiva futura entre los dos países.