Acciones indiscretas
-- En diciembre de 2002, el Gobierno estadounidense anunció el despliegue del planeado sistema de defensa antimisiles, tras publicar un informe sobre las preocupaciones que general el creciente poderío de China, acción que causó la intranquilidad de todo el mundo.
Por Zhou Yihuang
(El autor es secretario general del Foro de Escritores sobre Diplomacia)
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El presidente de Sinopec (Corporación de Petróleo y
Química de China) Li Yizhong (derecha, delante) firma un contrato de cooperación
para la refinería de petróleo con el vicepresidente de ExxonMobil, Edward
G. Galante (izquierda, delante). |
Aún en el supuesto de que la actual transformación de las fuerzas armadas estadounidenses se lleve a cabo expeditamente, el rápido crecimiento de la economía de China y su creciente poder militar provocarán un conflicto entre las dos potencias, según un informe publicado en la revista semanal de defensa de EE.UU., el 16 de diciembre de 2002. Al día siguiente, el Presidente estadounidense, George W. Bush, ordenó desplegar el sistema de defensa antimisiles, con el cual se construirán en 2004, 10 silos subterráneos de lanzamiento en una base militar en Alaska.
En EE.UU. aún existen personas imbuidas de la mentalidad de la Guerra Fría y el punto de vista irracional, convencidas de que el crecimiento del poderío nacional chino será una amenaza para EE.UU. La realidad es que China se queda aún a la zaga de las potencias económicas del mundo, a pesar de que su economía se ha desarrollado a un ritmo más rápido que aquéllas. Del volumen económico total de 34 billones de dólares del mundo, EE.UU. representa el 30%; Japón, el 15%; la Unión Europea, el 31%; y China, con una totalidad de 1,2 billones de dólares, ocupa menos del 4%. El valor de producción total de China es sólo una cuarta parte del de Japón y una novena parte del de EE.UU. Incluso hasta el año 2020, la economía nacional china sólo alcanzará el nivel de un país modestamente desarrollado. El poder militar del país se queda muy por detrás de EE.UU., e incluso a la zaga de Gran Bretaña y Francia. La prosperidad china es comparable con su pasado. Desde el punto de vista estratégico, el desarrollo chino es restringido, en cierto sentido, por el problema de Taiwan.
El crecimiento económico de China no constituirá una amenaza para EE.UU., sino al contrario, promoverá la economía estadounidense. EE.UU. es el mayor país desarrollado del mundo, con capital y tecnología poderosos. Siendo el mayor país en desarrollo, China cuenta con un mercado enorme y ricos recursos de mano de obra. En este sentido, los dos países se complementan económicamente.
El empuje del desarrollo de China es una oportunidad para todo el mundo, en vez de un desafío. Su crecimiento económico ayuda la recuperación de la economía mundial. En 2002, se abrió al exterior un proyecto de gas natural del oeste al este en el país. Muchos grandes conglomerados, incluyendo la ExxonMobil estadounidense, se convirtieron en inversionistas y colaboradores. Se estima que el volumen de las importaciones de China en los próximos cinco años llegará de 1,5 a 2 billones de dólares, lo cual constituye una buena noticia para las compañías norteamericanas, especialmente aquellas especializadas en tecnología.
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La comunidad internacional se preocupa por otra posible carrera armamentista, debido al despliegue del sistema de defensa antimisiles estadounidense. XINHUA/AFP |
La globalización económica permite el libre movimiento de factores de producción a través del mundo y estrecha los lazos económicos entre los diversos países. De cara a la presión de la competencia intensiva, las compañías multinacionales han reconstruido su sistema de producción y venta por medio de la inversión transnacional a una escala sin precedentes. Las 500 firmas principales del mundo, incluyendo por supuesto un gran número de empresas norteamericanas, han establecido sucursales en China. Si sucede una disputa económica, intervienen y la resuelven las instituciones internacionales, tales como la Organización Mundial del Comercio. Por tanto, no es necesario que EE.UU. considere a China una amenaza o un enemigo.
Cabe preguntarse por qué Bush está tan ansioso por desplegar el sistema de defensa antimisiles. Las agencias de inteligencia estadounidenses anotaron en un informe de evaluación publicado a principios de 2002 que la mayor amenaza para su país en el futuro no serían los misiles provenientes de los llamados países forajidos, sino los atentados terroristas con armas convencionales o métodos tradicionales, tales como piratería aérea o detonación de bombas. Incluso si los terroristas usan armas de destrucción masiva, preferirían portadores tradicionales, por ejemplo aviones o barcos.
Por tanto, la decisión de Bush se sigue basando en la consideración de seguridad absoluta para su país. Sin embargo, ha descuidado la seguridad y la estabilidad de otros países, especialmente los del Lejano Oriente. Al mismo tiempo, el plan apunta a satisfacer el apetito de su industria de defensa. Expertos calculan que sólo el sistema de control de interceptor terrestre de capa media costará 64.000 millones de dólares, y si el sistema es de multicapas, el costo será de más de 200.000 millones de dólares, lo que significa un agosto para dicha industria, que constituye el apoyo tras bambalinas para los republicanos.
Bush se comprometió en la campaña electoral presidencial de 2000 a construir un sistema de defensa capaz de interceptar misiles de largo y mediano alcance. Tras la victoria del Partido Republicano en las elecciones intermedias de 2002, el Presidente estadounidense volvió inmediatamente su atención a las elecciones generales de 2004. Los medios informativos de Washington revelaron que Bush tiene en agenda terminar de desplegar el sistema en septiembre de 2004, o sea, dos meses antes de la elección presidencial. Se trata de una carta que Bush desea utilizar para ganar la reelección.
Ésta no es una acción discreta. El Tratado de Misiles Antibalísticos firmado en 1972 entre EE.UU. y la ex Unión Soviética es la piedra angular que mantiene el equilibrio y la estabilidad estratégicos mundiales. La retirada unilateral estadounidense del mismo conmovió al mundo. Ahora el plan de despliegue del sistema de defensa antimisiles preocupa otra vez a la comunidad internacional. Esta medida destruirá sin dudas el equilibrio estratégico global, y causará otra carrera armamentista. Esta es realmente una amenaza para la paz y la estabilidad mundial.
Al día siguiente de que Bush emitiera su orden, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia anunció una declaración en la cual expresaba su pesar por la acción estadounidense. Dijo asimismo que espera que EE.UU. preste mayor atención a la asociación estratégica establecida entre los dos países, y no inicie competencia de armas defensivas alguna, incluyendo una carrera armamentista en el espacio. El mismo día, el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Igor Ivanov, advirtió a EE.UU. que no perjudicara los intereses de seguridad de otros países, incluidos los de Rusia.
A pesar de la posibilidad de la nueva ronda armamentista, el Gobierno estadounidense está decidido a llevar a cabo su cometido, lo que no tiene nada de beneficioso para el resto del mundo.
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