Rompecabezas de la Unión Europea

‑‑Dar membresía de la UE a Turquía es un gran desafío para esta organización, que se encuentra en un período de ampliación y transformación

Por CUI HONGJIAN

El autor trabaja en el Instituto de Estudios Internacionales de China

¿Pertenece Turquía a Europa o Asia? Quizás esto sea fácil de contestar desde el punto de vista geográfico, pero no lo es en ningún sentido desde la óptica política. La aspiración de Turquía a miembro de la UE resultó ser un problema espinoso en la Cumbre de la UE celebrada en Copenhague. El que pueda o no Turquía ingresar en el "Club Europeo" y cuándo lo haga ha devenido un tema central de la política de los europeos.

Problema añejo, situación nueva

Líderes en la Cumbre de la UE en Copenhague XINHUA/AFP

Turquía empezó a solicitar membresía a la UE en 1999, pero no lograba compromiso para las conversaciones de acceso. Sólo hasta antes de la Cumbre de Copenhague, su calidad de candidato comenzó a atraer la atención por un cambio ocurrido en la situación global.

La interferencia de Estados Unidos es el factor más importante que revivió el asunto. Ganarse a Turquía siempre ha sido parte de su estrategia global. Debido a la ubicación geográfica singular de Turquía y a su identidad de ser el "único país islámico en la alianza occidental", además de ayudar a contener a Rusia, Turquía ha servido de cabeza de puente en la guerra dirigida por EE.UU. contra el terrorismo y su contención de Irán e Irak, el "eje de los viles", después de los ataques del 11 de septiembre. Para premiar a Turquía y estimularlo a tener un mayor papel en una posible guerra contra Irak, Washington cabildeó con los miembros de la UE para el ingreso de Turquía. El Secretario de Estado Colin Powell escribió a Chris Patten, Comisionado de Asuntos Exteriores de la UE, antes de la cumbre, pidiendo a la organización bajar los requisitos y dar prioridad a Turquía. El Presidente Bush también telefoneó al Primer Ministro danés, al actual Presidente de la UE Anders Fogh Rasmussen y al Presidente francés Jacques Chirac, presionándolos por una fecha cercana para las conversaciones sobre la entrada de Turquía. Aunque la injerencia de EE.UU. en los asuntos de la UE concitó descontento en Bruselas, su presión ha influido en la decisión de la UE.

Por otro lado, el asunto de Chipre podría usarse como una carta de regateo con la UE en las conversaciones sobre el ingreso de Turquía. El 11 de noviembre, el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, presentó una solución de 137 páginas para el conflicto chipriota, recomendando una reconciliación entre el área de los turcos y la de los griegos sobre la base de igualdad con el fin de materializar la integración política de la isla. Además, la UE urgió a realizar una solución, pero la llave está en manos de Turquía. Obviamente, este país ha ligado el problema con su acceso a la UE, y amenaza con ejercer presión sobre el gobierno turco en Chipre si no hay progreso con su membresía de la UE. El conflicto chipriota está directamente vinculado con los intereses de Grecia, miembro de la UE, y de Inglaterra, uno de los protectores de Chipre. Evidentemente, poner el asunto chipriota sobre el tapete va en favor de Turquía.

Aparte de la estrategia diplomática turca de matar dos pájaros de una pedrada, su situación política doméstica es otro factor que influye en su intento de acceder a la UE. La vacilación de esta organización en conceder membresía también indignó a Turquía, especialmente a sus militares, quienes tienen una gran influencia en la política doméstica. En mayo del 2002, un discurso pronunciado por el General turco Tuncer Kilinc, Secretario General del poderoso Consejo de Seguridad Nacional (MGK), conmocionó a Estados Unidos y Europa. Declaró que la UE nunca había apoyado a Turquía en los temas concernientes a los intereses nacionales de este país, y añadió que Turquía debería buscar nuevas alianzas fuera de la UE, tales como Irán y Rusia. Para resaltar la "amenaza", Turquía incrementó intercambios diplomáticos con estos dos países, y en su visita de Irán y Siria el Presidente turco expresó la esperanza de fortalecer las relaciones bilaterales. Tales observaciones preocuparon a Estados Unidos, y éste comenzó a hablar de la "pérdida de Turquía". Por su parte, la UE empezó a considerar en serio la incorporación de Turquía. Con su postura diplomática, Turquía tiene como propósito obligar a Washington a presionar a la UE en cuanto a su entrada y ejercer influencia directa sobre la UE. La atención que EE.UU. prestó a Turquía para su membresía de la UE antes de la Cumbre de Copenhague probó el éxito de la diplomacia turca.

Lo que es más, la situación política en Turquía ha impulsado su proceso de "occidentalización". Después de un período de conmoción política, el nuevo gobierno turco de coalición entre tres partidos fijó el acceso a la UE como su máxima prioridad política. Pensando que ahora es una oportunidad ideal para la membresía, el gobierno ha adoptado una serie de políticas positivas sin precedentes. Además de pedir a Estados Unidos continuar presionando a la UE, prometió hacer reformas políticas. Con el apoyo de EE.UU. y plenos de confianza, el nuevo Primer Ministro y el Viceprimer Ministro turcos asistieron a la Cumbre de Copenhague cabildeando con los miembros de la UE, en un intento de fijar la fecha para las conversaciones de su incorporación antes del cierre del 2003.

Membresía de Turquía, fin de la UE

Recep Tayyip Erdogan, líder del Partido de Justicia y Desarrollo de Turquía, saluda a los simpatizantes después de ganar la elección general en noviembre del 2002 XINHUA/AFP

El asunto de Turquía es una prueba para la UE, que se halla ahora en un período de ampliación y transformación. Además de los problemas mencionados que conciernen a las negociaciones de entrada, probablemente los miembros de la UE no llegarían a un acuerdo sobre las consecuencias de otorgar membresía a Turquía. Primero, aceptar a Turquía podría hundir a la UE en un "embrollo". Con la afiliación de ese país, la UE extenderá su frontera hasta el Medio Oriente, región considerada en general como extremadamente peligrosa. Si Turquía se involucra en un conflicto allí en el futuro, la UE no podría quedarse de brazos cruzados. A causa de su política exterior establecida y de su capacidad limitada, la UE encontraría difícil ejercer influencia en otros campos que no sean político, diplomático y económico. Esto es lo que se teme la organización.

Segundo, aceptar a Turquía podría disolver la UE desde el interior. La inclusión de Turquía significaría el fin de la UE aunque se conservara en nombre. Tal como señala el ex Presidente de la UE Valery Giscard d'Estaing, conceder membresía a ese país equivaldría "declarar fin a la Unión Europea".

Por otra parte, según el crecimiento demográfico de Turquía, su población será la más numerosa de Europa en cinco años, relegando a Alemania al segundo lugar. El Parlamento Europeo distribuye los escaños a las naciones miembros de acuerdo con sus poblaciones. Así pues, una vez aceptada, Turquía tendrá el mayor número de escaños, por lo cual será probable que influya en la legislación y la administración de la organización según sus propios intereses. Por supuesto, las potencias actuales no desean ver que esto ocurra.

El último punto atañe a la cultura y los valores. Los optimistas sostienen que la UE debería aprovechar la oportunidad para reformar Turquía radicalmente y crear el modelo de un "país islámico occidentalizado". Sin embargo, la UE no está dispuesta para una ampliación transcultural como ésta, no en lo psicológico ni en lo estructural. La identidad musulmana de Turquía es un gran dolor de cabeza para la UE. Siendo promotor de la integración, la UE no quiere ser tachado de un "club cristiano" conservador y xenofóbico. El ímpetu de Turquía para ser miembro ha desembocado en un dilema para la organización.

A juzgar por los resultados finales de la Cumbre de Copenhague, la UE ha resistido temporalmente la arremetida de la aspiración de Turquía. Su promesa de iniciar las conversaciones sobre acceso de Turquía para finales del 2004 no solamente satisfizo la exigencia de Estados Unidos de fijar una fecha, sino que también resistió la presión de Turquía para empezar las negociaciones antes del 2003. Lo que es más, al señalar que "Turquía necesita hacer progresos sustanciales según el criterio político de Copenhague", relajó la oposición de Grecia y mantuvo el control del asunto. Esto sería la mejor solución por tomar en cuenta las circunstancias actuales. Pero el mayor defecto es que otros muchos problemas relacionados fueron puestos a un lado. Debido a la obstrucción de Turquía, el tema chipriota quedó aplazado indefinidamente. Turquía puede apelar a otros medios diplomáticos para consolidar su progreso y no dejar espacio a la UE si ésta quiere dar marcha atrás. Para la organización, los problemas inevitables concernientes a la membresía de Turquía son difíciles de arreglar en un corto tiempo.

Información de fondo:

Los resentimientos entre Turquía y la UE se remontan al Imperio Otomano y sus contiendas históricas por la supremacía. Estos antecedentes reflejan los conflictos entre el cristianismo y el islamismo. Para los europeos, Turquía es un invasor llegado de Asia, mientras que Turquía atribuye el colapso de su imperio a los europeos. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos incluyó a Turquía en la OTAN para poner a raya a la Unión Soviética. No obstante, los intereses no podían ocultar los rencores históricos y las diferencias culturales. Aunque Turquía copió el modelo de Occidente para su desarrollo después de la desintegración del imperio, los países europeos nunca lo miraban como compañero. Los principales desacuerdos entre Turquía y la UE comprenden el problema chipriota y los conflictos fronterizos entre Turquía y Grecia, la posición turca sobre la minoría kurda, y las diferencias entre los sistemas políticos y legales de Turquía y Europa. En ocasiones Turquía es condenada por Europa como un obstáculo a la "democracia, libertad e integración de Europa". Por ende, Turquía debería asumir compromisos y hacer ciertas concesiones en estos aspectos antes de unirse a la UE.

El Ministro griego del Exterior Georgios Papandreou (izq.) con Thomas Weston, enviado de EE.UU. a Chipre en Atenas XINHUA/AFP

El problema chipriota tiene una larga y complicada historia. La Grecia antigua, el Imperio Otomano e Inglaterra gobernaron todos la isla en el pasado. Después de la Segunda Guerra Mundial, Chipre firmó el Acuerdo de Zurich y el Acuerdo de Londres con Inglaterra, Grecia y Turquía. Su estructura básica y distribución del poder entre los griegos y los turcos locales estaban cimentadas en estos dos acuerdos, y los tres países se convirtieron en "protectores" de la isla. Tras la fundación de la República de Chipre (por las comunidades turca y griega de Chipre) en 1960, las disputas de las dos comunidades sobre la estructura del poder de la isla causó una crisis política y conflicto armado. Turquía y Grecia se pusieron al lado de sus respectivos grupos étnicos, y la estructura política de la isla se desintegró. El problema chipriota involucra a los tres protectores, al gobierno greco-chipriota en el sur apoyado por Grecia y a la República Turca del Chipre Septentrional apoyada por Turquía. El gobierno greco-chipriota controla el 63% del territorio y el 82% de la población con el respaldo y protección de Grecia, mientras que el norte controla el resto de la isla con el respaldo de Turquía y tiene 30.000 a 35.000 soldados en su área. Inglaterra ha permanecido neutral, así que la lucha detrás del bastidor se desarrolla principalmente entre Turquía y Grecia. Grecia ha sido un importante opositor a Turquía para su membresía de la UE. Turquía deberá reducir gradualmente su apoyo político y militar al gobierno turco del Chipre Septentrional, retirar sus tropas de la isla y cesar su colonización si espera remover la oposición de Grecia.

El segundo problema atañe a los derechos humanos y la reforma política. La Unión Europea ha criticado a Turquía por no llenar las condiciones para las conversaciones de entrada debido a su política económica, política con la etnia minoritaria y asuntos jurídicos y, en particular, su actitud con los kurdos. El movimiento político dirigido por Ocalan, líder del Partido de Trabajadores Kurdos de Turquía, y su solución reflejan las diferencias entre la UE y Turquía sobre los derechos humanos y los valores. La UE enfatiza que Turquía debe hacer cambios fundamentales de su política con los kurdos y abolir la pena capital. Las discrepancias tan profundas están relacionadas con las tradiciones y sistemas políticos de Turquía. El "Padre de los Turcos" Mustafa Kemal procedió del ejército y creó el sistema político moderno de Turquía, pero también dejó la tradición de intervención militar en los asuntos del gobierno. Sin embargo, el gobierno civil sin la participación de militares es el principio primordial en la democracia constitucional de los países occidentales, así como el criterio para la incorporación a la UE. Turquía necesita revisar tanto sus políticas como su sistema básico para ser aceptado en la Unión Europea.