Segunda Guerra del Golfo: ¿Cuánto falta para la Guerra?

-- Washington está más decidido que nunca a emprender su acción bélica contra Irak

por ZHU FENG

(El autor trabaja en el Centro de Estudios Internacionales, de la Universidad de Pekín)

Un buque de guerra de Estados Unidos se dirige al golfo persa. XINHUA/AFP

Con el advenimiento del año 2003, la posibilidad de guerra contra Irak volvió a las primeras planas de los medios informativos mundiales, en medio de numerosos pronósticos y discusiones. El día de Año Nuevo, el Presidente estadounidense George W. Bush dijo que  EE.UU. se prepone solucionar el conflicto con la República Popular Democrática de Corea (RPDC) por la vía diplomática, pero que resolvería su diferendo con Irak por la fuerza. En su discurso del 3 de enero, durante una inspección a la base militar de Fort Hood en Tejas, Bush precisó que Irak no entregaría sus armas de destrucción masiva, y que este país le había mentido a la ONU. Es hora de ajustarle cuentas a  Irak, afirmó Bush en un desafío al Presidente iraquí Sadam Husein.

Indudablemente, en el reloj de la guerra anunciada ya se ha iniciado el conteo regresivo. Desde diciembre, el Pentágono ha enviado tres grupos adicionales de tropas al golfo. La primera orden se emitió el 24 de diciembre, con la participación de 25.000 soldados, y la segunda el 10 de enero, con el involucramiento de 35.000 efectivos. En el plazo de 24 horas, el Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, dio la tercera orden, para el envío de otros 27.000 hombres. Estos 87.000 soldados, sumados a los 65.000 que ya estaban en el área, llevarán la cifra total a 150.000 para finales de febrero.

En un discurso televisado el 17 de enero, para conmemorar el 12mo aniversario de la guerra del Golfo, el Presidente iraquí, Sadam Husein afirma que su país y su pueblo están prestos a luchar contra Estados Unidos.XINHUA/AFP

Otra señal importante de la proximidad de un ataque estadounidense fue exhortación del 8 de enero para que la Organización de Países Exportadores de Petróleo  (OPEC en inglés) aumente la producción petrolera. La decisión se tomó en apariencia para detener el alza de los precios disparados del crudo, debido a la decisión de Venezuela de detener sus exportaciones del rubro. Pero la verdadera intención es tratar de evitar el posible impacto que para las economías de EE.UU. y el mundo podrían tener nuevos aumentos en los precios del petróleo por la guerra en Irak. El 10 de enero el precio del barril de petróleo alcanzó los 30 dólares en el mercado internacional. El 12 de enero, la reunión ministerial de la OPEC decidió aumentar la producción petrolera en 6,5% a partir del 1 de febrero, un aumento de 1,5 millones de barriles por día, para mantener  los precios entre 22 a 28 dólares por barril. La decisión proporcionó una condición externa importante para los planes bélicos de EE.UU. La OPEC rechazó aumentar la producción en sus dos reuniones ministeriales celebradas en 2002, pero luego cambió de idea, tomando en cuenta elementos económicos y políticos.

Los esfuerzos estadounidenses para constituir una coalición contra Sadam Husein han dado frutos. Las actitudes de los aliados europeos de EE.UU. han experimentado cambios sutiles. El 22 de diciembre de 2002, el ministerio francés de  defensa anunció repentinamente que Francia cancelaría la revisión prevista para el portaaviones nuclear De Gaulle y lo trasladaría al Golfo Pérsico a finales de enero de 2003. La llegada de la nave coincidiría con el momento en que los inspectores de armas de la ONU anuncien sus conclusiones referentes a las inspecciones en Irak, lo cual es señal concreta de que Francia puede participar directamente en la lucha contra Irak. Alemania ha cambiado su tono también. El pasado 20 de diciembre, su gobierno dijo que protegería las bases militares de EE.UU. en Alemania una vez que estalle el conflicto. La implicación de los aliados de EE.UU. será solamente un problema de matiz.

Los países de la región del golfo también dieron luz verde a EE.UU. El 10 de enero, Turquía permitió que personal estadounidense examinara sus bases militares, aunque había rechazado anteriormente que dicho país utilizara sus instalaciones militares para lanzar ataques contra Irak. Es muy probable que abra sus bases militares a EE.UU., que parece haberse granjeado la voluntad de Jordania y otros países para fortalecer la cooperación, por lo que no sería extraño que los portaaviones estadounidenses obtengan el permiso de anclar en la costa este del mediterráneo. De los seis destacamentos de fuerzas de portaaviones que tomarían parte en la guerra, por lo menos uno podría enviar sus aviones sobre Jordania e Israel y  golpear  a Irak directamente desde la línea occidental. En la guerra del golfo de 1991, Washington no contó con tal conveniencia.

Una vez que comience la segunda guerra de Irak, el Oriente Medio entrará en una nueva etapa, con cambios que afectarán notablemente la situación internacional en 2003 y en el futuro.

La primera cuestión involucra el modo en que EE.UU. desatará la guerra, o cuánto tiempo durará la misma. A juzgar por su presencia militar en la región del golfo, EE.UU. espera lanzar una guerra relámpago. Va más allá del optimismo creer que se puede derrotar a Irak en una semana. Pero los militares de EE.UU. tienen la capacidad para alcanzar su meta en el plazo de un mes.

Más de 10.000 sirios protestan en Damasco el 18 de enero contra la posible guerra en Irak. GONG ZHENXI

Una vez que la guerra concluya, ¿cómo se instalará el nuevo régimen? Los observadores piensan que EE.UU. podría recurrir al "modelo de Bonn", aplicando el mismo enfoque que sirvió para el Gobierno afgano, en el marco de la ONU y con la participación de países pertinentes. De tal suerte se creará una base de credibilidad para el nuevo Gobierno iraquí nacional e internacionalmente, con lo cual EE.UU conseguirá que otros países compartan la carga financiera que representa ayudar a reconstruir a Irak.

Otro tema trascendente es cómo espera EE.UU. lidiar con la ola de anti-americanismo que desatará la segunda guerra de Irak. Si sus tropas penetran en Bagdad, provocarán reacciones anti-norteamericanas, y quizás hasta causen ataques de las organizaciones terroristas internacionales. Los líderes religiosos de Irak han invitado a todos los musulmanes a lanzar una "guerra santa" contra EE.UU. El Presidente Sadam ha dicho que utilizará “escudos humanos” y “políticas de tierra arrasada”, o incluso ataques suicidas, en respuesta a un ataque estadounidense. Los expertos de la ONU estiman que una segunda guerra de Irak provocaría 10 millones de muertes iraquíes y unos 900.000 refugiados. Si es así, la confrontación entre el mundo islámico y EE.UU. adquirirá proporciones dantescas, a la vez que se inflama el odio contra Norteamérica. En este sentido, se puede afirmar  que la segunda guerra de Irak puede ser el detonante de una ola de terrorismo en 2003.

A esto se agregan las consecuencias que el conflicto podría tener para el medio ambiente. Es preciso recordar  que en la guerra de 1991, Irak incendió más de 90 pozos petroleros de Kuwait, y para apagarlos se requirió de la labor de  bomberos de varios países  durante cuatro meses. Ahora los ambientalistas temen daños similares al entorno.

Y hay que sopesar asimismo las consecuencias para el proceso de paz del Medio Oriente. El triunfo del gobernante partido Likud y su líder Ariel Sharon parece asegurado. Los resultados del conflicto iraquí pesarán enormemente sobre la posibilidad de que Israel y los palestinos acepten o no la paz y cesen el derramamiento de sangre. Israel apoya totalmente los ataques contra Bagdad, pues la desaparición de Sadam implicaría una amenaza menos para Tel Aviv. Lo que Israel no podrá augurar es si el odio y resentimiento de los palestinos se esfumarán de igual forma.

En la actualidad, sólo queda por ver si EE.UU. se subordinará al Consejo de Seguridad para justificar su arremetida contra Irak, o si lo hará por cuenta propia al lado de su aliado Gran Bretaña. El 27 de enero es la fecha tope  para que la Comisión de Verificación e Inspección de Armas de la ONU anuncie sus resultados finales. En una entrevista con el semanario estadounidense Time, el Director General de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Mohamed El-Baradei afirmó que Irak está involucrado en actos “ilegales”. Por su parte, EE.UU, sigue empeñado en convencer al Consejo de Seguridad de que tome una decisión. Sea como fuere, el destino está echado: EE.UU siempre encontrará la forma de apretar el gatillo.