La polémica sobre la Política Fiscal Activa

-- En el futuro inmediato, la política financiera activa de China deberá escuchar el clamor de tres voces diversas, que piden, respectivamente, un alto inmediato, una retirada gradual y una transformación estructural.

Por JIAN FA

A finales del año pasado, el Gobierno chino decidió poner en ejecución en 2003 de manera continuada la política fiscal activa. Desde entonces, se mantiene vivas las discusiones sobre la política y su tendencia futura. Los economistas han planteado diversas opciones a los diseñadores de política en ese sentido. Sin embargo, el Gobierno chino, los asesores económicos gubernamentales y los diputados a la Asamblea Popular Nacional todavía favorecen dicha política. En general, hay tres opiniones distintas.

Un alto inmediato

El profesor Yuan Minggang, director del centro de investigaciones macroeconómicas subordinado a la Academia de Ciencias Sociales de China, cree firmemente que la aplicación de la política fiscal debe cesar inmediatamente.

Yuan explica que la puesta en práctica de la política fiscal activa de 1998 a 2002 ha conducido directamente al deterioro las condiciones financieras de China, lo que se evidencia en un grave desequilibrio de la balanza de pagos y gastos, más allá de lo que puede admitir los ingresos del país. Antes de 2002, la extensión del gasto dependía principalmente del rédito, que creció hasta en 23 a 27%, dice Yuan, pero el año 2002 fue testigo de una aparente  ralentización en el crecimiento de los ingresos. Durante los últimos meses, la tasa de crecimiento fue solamente de poco más de un 3%. Mientras tanto, el PIB de China  crece, y crecerá posiblemente durante un período relativamente largo, en solamente un dígito. Por otra parte, los gastos y el déficit financiero aumentan en alrededor del 20%.

Más grave aún, el déficit financiero no pasa de ser la punta del iceberg en términos de responsabilidad del gobierno. Considerando las responsabilidades invisibles, incluyendo los préstamos bancarios irrecuperables que el gobierno tiene que llevar sobre los hombros, la tasa integral nacional de responsabilidad de China ha excedido el 70%, cifra que sobrepasa el índice de 60% de muchos países asiáticos, de la UE y EE.UU. En este sentido, a China no le falta mucho para empantanarse en un marasmo de déficits y préstamos irrecuperables.

Además, el índice de crecimiento de los gastos de inversión ha estado a la cabeza de la economía durante mucho tiempo, desde que China introdujo la política fiscal activa,  lo cual, en opinión de Yuan, indica una disminución en los ingresos de los chinos y de las empresas. Esto ha dado lugar a la baja en la demanda de consumo, y ha mantenido a raya la inversión. En este aspecto, se relacionan en cierto grado la deflación de China, la actual carencia de demanda y la política fiscal activa. Cuanto más tiempo se mantenga esta política, mayores serán sus efectos secundarios sobre la demanda social y la inversión, argumenta Yuan.

Es por todo ello que, a juicio de Yuan, se debe detener de inmediato la aplicación de esta política fiscal.

Elimínenla gradualmente

Este es el punto de vista predominante. Sus autores demandan la eliminación gradual de la política fiscal activa por tres razones, a saber:

Primero, la política en sí misma exige una retirada gradual. Cuando baja la demanda del mercado, es práctica internacional común ampliar la demanda y promover el desarrollo económico poniendo en vigor una política fiscal activa. Pero los recursos económicos limitados imponen la necesidad de que una política fiscal expansionaria sea sólo transitoria. Lo contrario conduciría al calentamiento de la economía, e incluso a la inflación. Por lo tanto, una vez que mejore el ambiente económico de China, las medidas financieras expansionarias deben reducirse, e incluso detenerse.

En segundo lugar, se debilita el efecto de promoción de la política fiscal activa en el desarrollo económico. La solicitud a ciegas de préstamos de proyectos de inversión del gobierno, sin importar las ganancias económicas, es una práctica común en algunos lugares, pues estos proyectos son considerados una bendición. Sin embargo, a medida que la inversión de préstamos del gobierno continúa, los proyectos de construcción de la infraestructura con valor económico evidente disminuyen gradualmente, y declinan las ganancias en la inversión de préstamos de gobierno. Además, la política fiscal activa en boga por varios años consecutivos ha causado una dependencia excesiva de la inversión para el desarrollo económico, especialmente de la inversión del gobierno. Según aumenta la tasa de asignación de recursos del gobierno, tiende a debilitarse asimismo la capacidad de distribución de recursos en el mercado.

Según el financiero Yi Gang, bajo política fiscal activa, siempre que los ingresos fiscales aumenten en un yuan, el coste social agregado es probable exceder de un yuan; y siempre que un yuan esté pasado fuera de las finanzas públicas, la pérdida que causan puede ser mayor debido a la ineficacia gubernamental y a los mecanismos falsos.

En atención al considerable desarrollo del capital no público, se estima que una retirada gradual de la política fiscal activa ayudará a que ese capital desempeñe un papel mayor en el desarrollo económico de China. Si permanece dicha política, la inversión no gubernamental y extranjera se verán frenadas.

Zhu Ming, del departamento de pronósticos económicos del Centro Estatal de Información, cree que la supresión de la  política fiscal activa sólo puede hacerse de manera gradual, porque el desarrollo económico de China todavía depende de la misma. En cuanto a cómo eliminar la política, las medidas concretas deberán incluir una reducción de la aplicación de bonos de Hacienda y el reajuste gradual del sistema fiscal.

El reconocido economista chino y ex rector de la universidad de Pekín Wu Shuqing estima que los últimos tres años no han sido testigos de un crecimiento en las cantidades absolutas de bonos estatales, sino más bien  un aumento continuado del PIB y los ingresos del país. Wu cree que el fenómeno indica una disminución del efecto de esos bonos. Desde esta perspectiva, la política fiscal activa ha estado perdiendo lustre.

Una transformación estructural

Los que se pronuncian por la transformación estructural insisten en que China debe continuar aplicando la política fiscal activa en los años próximos, haciendo solamente  ajustes en la estructura de la orientación e inversión de los préstamos del gobierno.

 Zhang Liqin, investigador del Centro de Investigaciones del Desarrollo subordinado al Consejo de Estado, dice que como China está experimentando un período de  transformación económica, los cambios rápidos en los intereses básicos de diversos estratos sociales se traducen en perjuicios para los más necesitados, lo que afecta la estabilidad social. Al mismo tiempo que mantiene la política fiscal activa, el gobierno debe reducir sus gastos directos en la inversión, pero aumentar los gastos para aliviar las contradicciones sociales, asegurar la equidad social y establecer un sistema de Seguridad Social mediante pagos de transferencia.

El afamado economista chino Dong Fureng cree que la economía china crecerá por inercia apenas despegue. Bajo esta circunstancia, se precisa cambiar el foco del macrocontrol, del aumento de la demanda a la reestructuración industrial, si se desea que sobreviva la política fiscal activa. De tal modo, se crearía una convergencia con la situación actual, en la cual se incrementan las nuevas industrias a la vez que se refuerzan las tradicionales, todo lo cual permite a China participar mejor en la división del trabajo internacional y realzar su competitividad internacional, en momentos en que el país se integra rápidamente a la economía global.